#3. La biblioteca

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NB: Por fin, tras resolver unos pequeños problemas técnicos, hemos logrado que la calidad del audio sea la que una audiencia como vosotros merece. ¡Gracias por vuestra paciencia!

Un buen amigo, hablando de las bibliotecas de Londres, decía que la British Library era igual que un bufete libre. Tienes de todo, y en cantidad, pero muchas veces  te “cuelan” cosas que no son de la mejor calidad. Por el contrario, decía, la Wellcome Library es como un restaurante de cinco tenedores. Nunca defrauda.

Bienvenidos al tercer episodio de 15 días en la Wellcome Library.

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La primera imagen que tengo de la Wellcome Library es la de uno de sus bibliotecarios. Por aquel entonces, 2009, llevaba cresta. Hoy, claro está, lleva un bigote de manillar y viste con chaleco y reloj de cadena. Un auténtico fashion victim.

La siguiente imagen me traslada a la reading room, antes de lo que es ahora. Un espacio con techo alto, estanterías hasta el techo, y una segunda planta con “cubículos”. Esos cubículos eran los más solicitados, y si querías acceder a ellos tenías que madrugar y llegar temprano. Pero mañana os hablaré de la Reading room, hoy toca la biblioteca.

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Si hubo un centro, un corazón del Wellcome Trust, este fue, hasta fechas muy recientes, su biblioteca. La colección fue, hasta hace muy poquito, más un estorbo que otra cosa. Como bien cuenta Frances Larson en su libro sobre Sir Henry Wellcome como coleccionista, su apetito desmedido por todo aquello que estuviese relacionado con la historia de la salud, unido a cantidades ingentes de dinero (por mucho que se autoimpusiese límites) y el afán por la aventura (que le llevaba a financiar y a realizar sus propias expediciones) convirtieron los almacenes que tenía alquilados para guardar su colección en un inmenso laberinto de cajas de madera, repletas de artefactos, llegadas de todo el mundo.

Lo más parecido al almacén donde, en la última secuencia de Indiana Jones y el arca perdida, el arca de la alianza se pierde nuevamente.

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Los archivos de la Wellcome Library están llenos de cartas, memorándums e informes. No se puede manejar tal cantidad de objetos. Las cajas se acumulan sin poder inspeccionarlas. Algunas empiezan a deteriorarse por efecto de la humedad. Una momia ha sido devorada por ratas…

Ante este caos, como os podéis imaginar, tratar con libros era una cosa fácil. Las cantidades seguían siendo ingentes, pero manejar libros es mucho más fácil que manejar… una colección de amuletos para la fertilidad, por decir algo. Una no, doscientas.

Así, mientras el proyectado museo nunca llegó a abrir sus puertas (únicamente un museo que se pensó temporal, con el nombre de Wellcome Historical Medical Museum), la Wellcome Library, que había dado acceso restringido a investigadores desde los años 20, se abrió al público general en 1949, tras un proceso de renovación y catalogación de la colección. A partir de este momento, la biblioteca no hizo más que crecer.

De esta forma la Wellcome Library se ha convertido en ese “restaurante de cinco tenedores” que mencionaba antes: una selección exquisita donde todos los libros están al alcance de la mano. Y cuando digo todos, quiero decir todos. Una de las principales características de la Wellcome Library es que todo su fondo, desde el siglo XIX, está en libre acceso. Sin restricciones. Tan sólo tienes que pasar entre las estanterías y recogerlo.

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Es por eso que estar en esta biblioteca es una puerta abierta a la creatividad, por un lado, pero también al diletantismo. Al estar en la Wellcome Library sabes que casi cualquier libro que necesites va a estar a tu alcance. No importa lo raro que pueda ser, seguramente lo tenga. La facilidad que esto te da para poder escribir es inmensa. Si tienes una duda, si no recuerdas dónde estaba exactamente esa cita que tienes en tus notas, allí tienes el libro para encontrarlo. Si de repente aparece una referencia que te parece imprescindible, ahí está, lista para ser usada. Hay una suerte de tranquilidad en saber que lo tienes todo al alcance de la mano que facilita la escritura.

Por otra parte, la biblioteca es un lugar peligroso. Como sabe cualquiera que haya leído un libro de Terry Prattchet, hay libros que tienen que amarrarse con cadenas, no sea que nos pongan en peligro. La Wellcome Library está llena de libros como este. Tu estás tan contento, buscando tu libro sobre sanatorios mentales en Alemania durante el siglo XIX cuando, de repente, aparece ante ti un estudio sobre el uso del látigo como “juguete” sexual. ¿Cómo evitar cogerlo? O sobre las costumbres higiénicas de Luis XIV (otro tema apasionante). ¿Cómo no interesarse por las abluciones matinales del Rey Sol?

En una biblioteca como la Wellcome Library, es muy fácil perder el rumbo.

Eso es lo que me viene pasando a mí, que llevo ya tres días aquí dentro, sin visos de que vaya a terminar pronto. Aunque tal vez por hoy…

Hasta aquí el tercer capítulo del podcast “15 días en la Wellcome Library”, gracias por vuestra compañía.

Música: Skin, Bat for Lashes // Grateful Hearth, Dave Okumu.

 

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