#2. 15 días en la Wellcome Library

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Lo primero que hice ayer, al cruzar las puertas de la Wellcome Collection, fue acercarme a la librería que Blackwells mantiene justo al lado del café. Es una librería pequeña, pero deliciosa. Tiene, no puede ser de otra forma, un espacio amplio reservado para libros de “divulgación” que tanto gustan por aquí. Son buenos libros, escritos, muchas veces, por grandes académicos, y se venden realmente baratos.

También son excelentes los libros que exploran la relación entre arte y ciencia. Es esta, claro está, una de las “especialidades” de la Wellcome Collection, y la selección es muy cuidada. Esta sección se encuentra bien acompañada por otra compuesta, principalmente, por lo que podríamos llamar “parafernalia pseudomédica”: cráneos de cristal, bolígrafos en forma de jeringuilla, moldes para cubitos con forma de órganos internos, inmensos virus de peluche, etc.

Pero lo que me interesaba encontrar estaba en un zona escondida al fondo a la izquierda, en la sección dedicada a la historia de la medicina.

Antes, lo que ahora es una sección constituía el fondo principal de la librería. Con el tiempo, y tras diversas reformas, es sólo una parte más de un todo mayor, más complejo. También más accesible a otros públicos. Esto, que algunos podrían entender como un paso atrás, es en realidad una conquista. Pero este tema no es del que quiero hablaros hoy.

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Lo que andaba buscando, lo que encontré, era un copia del libro de Roger Cooter y Claudia Stein, Writing history in the age of biomedicine, de 2013. Un libro al que llevaba tiempo intentando echarle el guante y que, por fin, es mío.

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Conocí a Roger Cooter hace ya siete años. Fue en 2009, durante mi primera estancia de investigación predoctoral. Era la primera vez que estaba en Londres, y era para, nada más y nada menos, realizar una estancia en el Wellcome Trust Centre for the History of Medicine, el instituto creado a la medida de Roy Porter, y que debía sobrevivir a este. Porter era, y es, una de las leyendas de la disciplina. Autor/editor de alrededor de 100 libros, la historia social de la medicina, tal y como se practicaba en Inglaterra en la década de los 80 y 90, sale de su cabeza.

Fue allí, debajo del cuadro con la foto de Roy Porter (imaginad el panorama) que me tomé mi primer té con Roger Cooter.

No voy a decir que seamos amigos. Seguramente él no se acuerde siquiera de mí (o, como mucho, tenga un recuerdo lejano). Tuvimos dos reuniones más, y puedo decir que fueron suficientes para hacer que toda la estancia mereciera la pena. Roger no sólo es una de las personas más inteligente que he conocido. Es también una de las más generosas. Verlo pensar, en ese pequeño despacho atestado de libros, era un espectáculo impactante.

Era 2009, y Cooter había publicado hacía poco dos artículos que revolucionaron el campo de la historia social. El primero, publicado en 2004, llevaba por título Framing” the End of the Social History of MedicineEl segundo, titulado After Death / After-‘Life’: The Social History of Medicine in Post-Postmodernity, se publicaba en 2005 en la revista Social History of Medicine. Ambos textos señalaban en la misma dirección: una vez superada la resaca de la postmodernidad, debíamos repensar nuestra forma de hacer historia de la medicina. Ese repensar pasaba, de forma ineludible, por el abandono de la historia social como forma privilegiada de aproximarse al pasado.

Como podéis imaginar, no le llovieron flores, precisamente.

Pero en realidad, Cooter señalaba algo que ahora resulta evidente: no podemos hacer historia (ni de la medicina ni de nada) como se ha venido haciendo hasta ahora. Los retos del nuevo siglo deben empujarnos a buscar otras formas de aproximarnos al pasado, formas que pasan por renovar nuestros compromisos políticos.

El libro de Cooter recorre estos años, y otros muchos, en un viaje por su vida académica que es una afirmación de su compromiso con la tarea de escribir la historia.

Hoy sigue siendo, pese a que estos textos tienen ya más de diez años, un libro necesario.

Hasta aquí el segundo capítulo de 15 días en la Wellcome Library. Hasta mañana.

Música: So What, Miles Davis.

 

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