¡Feliz año nuevo!

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Puedes escuchar este post desde la web de La Contraportada, de Onda Regional.

Buenas noches, Lucía:

Lo hemos logrado, por fin. Nos hemos deshecho de 2020, como el que abandona un abrigo viejo, y estamos de estreno y, por tanto, gozosos, como un niño con zapatos nuevos.

¡Qué curiosa expresión! ¿Verdad? Resulta evidente que no es de nuestra época. A veces pasa eso, usamos expresiones que tienen su origen en el pasado más remoto, hasta el punto de que ya nada tiene que ver con la realidad. Imagina, por un momento, a un niño que, por reyes, le regalasen unos zapatos. ¿Estaría contento? ¡Claro que no! ¿Qué niño iba a estarlo? Pero ahí está, lo decimos todavía: como un niño con zapatos nuevos. Llegada, tras un viaje largo y duro, de un pasado lejano. Cuando un niño podía recibir unos zapatos con alegría porque, evidentemente, no tenía otros o los que tenía se caían de puro viejos.

Nuestro viaje tal vez no ha sido tan largo, pero sí lo suficientemente duro como para recibir con alegría los primeros días del año, con sus ridículos golpes de estado (con chamanes cornudos veganos, hijos de rabinos vestidos con pieles de ardilla y revolucionarias que llegan en jet privado) en la primera potencia mundial. Con sus nieves infinitas, que convierten Madrid en Invernalia y permiten decir a algunos adolescentes de Vallekas que ellos aprendieron a esquiar en el parque de las tetas.

Aquí no hemos tenido nieve, ni golpes de estado, pero sí cuatro días de lluvia ininterrumpida, que deberíamos guardar en la memoria, para cuando haga falta. Y frío, mucho frío, que ojalá pudiéramos guardar en un bolsillito para sacarlo allá por junio o julio, cuando venga el aire sahariano y estemos para que nos dé un siroco. Porque pese a lo que han dicho muchos, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, el frio de la semana pasada no significa que no haya cambio climático, más bien todo lo contrario. Los fenómenos meteorológicos extremos, como nuestra querida Filomena, son un resultado más de la crisis ecológica que sigue ahí, esperando a que todo pase para pedir la vez.

Así que no, ni los reporteros del misterio ni los jugadores de basket reciclados en munícipes aciertan. Tampoco, claro está, algún presidente de comunidad autónoma, que, si bien es amigo de la verdad, o eso nos dice, parece que es más amigo de ciertos lobbys y del dinero que llega a su comunidad en forma de turismo y forfaits. Porque no, no hablo de nuestro presidente.

Y mientras nos entretenemos en estas cosas, en los recuerdos de los abrazos, nos llega una nueva ola. Ya lo decían nuestras abuelas, no hay dos sin tres. Y esta viene alta, rugiente, retadora. No nos engañemos: nos dijeron que teníamos que salvar la navidad, y la salvamos. Nos trasladaron la responsabilidad, y hemos hecho lo que hemos podido. Poco más nos pueden pedir.

Termino con una historia de piratas. La gente no suele saber que el capitán del barco pirata, fuera el pirata Barbanegra, el pirata Barbarroja, o el pirata Garrapata,  era elegido por la tripulación, y que las decisiones se tomaban entre todos. Se hacían así corresponsables y el que no cumplía su parte no sólo recibía el rechazo de sus compañeros, sino también una sanción, muchas veces definitiva. Y esto incluía al capitán. No podía esconderse detrás del trabajo del resto de la tripulación: él tenía, también, una tarea que cumplir. Y si no la cumplía…

Así que aquí está por fin, Lucía, el 2021. Que se parece todavía demasiado a su antecesor.  A ver qué nos ofrece.

Feliz año nuevo.

Foto de Mateusz Dach en Pexels

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