#6. Malas noticias para la historia social de la medicina

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Como ya os comenté, la primera vez que pisé el Wellcome Trust Centre for the History of Medicine fue en 2009, para realizar una estancia predoctoral que duró tres meses y algo más. Un año después, en abril de 2010, el Wellcome Trust y el  University College of London, el socio en esta aventura desde la década de los sesenta, anunciaban el cierre de la institución.

Bienvenidos al sexto programa de 15 días en la Wellcome Library. ¡Empezamos!

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Gibbs Building (sede del Wellcome Trust).

Como hablábamos en el capítulo cuarto, la creación de la Wellcome Collection y su éxito rotundo significó que, de repente, la biblioteca dejaba de ser el centro del universo del Wellcome Trust… en lo que se refiere a la historia de la medicina, claro está. El Wellcome está representado en otros muchos espacios. Pero para nosotros, se producía un cambio fundamental: de repente el Wellcome experimentaba con una nueva forma de entender la relación entre las humanidades (entendido en sentido lato) y la medicina. Había vida más allá de la historia. Y les gustaba lo que veían.

Hay dos formas de entender este cierre. La primera es seguir lo que se comentó en la prensa afín: no había razones científicas, no se sabe muy bien qué ha pasado para que se haya cancelado el convenio Wellcome / UCL porque nadie dice nada, pero oficiosamente se insinúa que alguien metió la mano en la caja. Se apunta al gerente. Se apunta al director. Pero todo son rumores. Los antiguos directores del centro reaparecen para denunciar que la decisión la toman burócratas “que no son historiadores de la medicina”. Se apunta a la crisis… Pero, en realidad, nadie sabe qué ha pasado.

La segunda es la que os voy a contar yo.

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Wellcome Collection.

Como os decía, yo llegué al Wellcome en 2009, tan sólo dos años después de la inauguración de la Wellcome Collection. Llegaba con la cabeza llena de historias de mi director de tesis, que había sido becario allí con Porter, y con la ilusión de llegar a un lugar intelectualmente excitante. Esperaba con ilusión los primeros seminarios.

Pero nada más llegar supe (intuí) que no iba a ser así. El centro estaba en las dos últimas plantas del edificio, y llegaba a él por una puerta de servicio en la trasera, que se abría con una tarjeta. Teníamos acceso al despacho a todas horas, todos los días de la semana.

Pero el contraste real lo encontrabas al subir por la principal, al atravesar la Wellcome Collection. Todavía no había recibido la última reforma, pero ya entonces era un espacio moderno, excitante, un espacio en el que pasaban cosas.

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Arriba era todo lo contrario. Pasillos enmoquetados. Despachos cerrados. Pocas voces. Únicamente (y tampoco mucho) en los despachos comunales, donde estaban los becarios. Gente estupenda, como mi amiga Erin Sullivan (que vino luego a Madrid) o Felix von Reiswitz, malagueño de origen alemán que ahora sigue otros caminos (aunque nunca se sabe). Pero lo peor fueron los seminarios.

Tal vez yo venía con unas expectativas muy altas. Puede ser. Pero lo cierto es que los seminarios me decepcionaron profundamente. Nada me resultaba interesante. Nada me movía por dentro. Todo era si la traducción de no se qué manuscrito chino decía lengua cuando debería decir pulso, o viceversa. Empecé a entender (y a envidiar) a Roger Cooter por su famoso “So what”.

¡Cómo hubiera deseado decirlo! Cómo hubiera deseado poder mirar a la cara a la enésima persona que hablaba en voz alta en la habitación en que yo estaba pero que no me hablaba a mí (ni posiblemente a nadie más de la sala, excepto al profesor que lo había invitado), y con esa ironía tan de Cooter poder decirle: “So what?”.

Si tuviera que utilizar una expresión para describir lo que yo viví sólo podría escoger: cortedad de miras.

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The Hub.

Lo que yo viví, y espero no ofender a nadie, fue el fin de un mundo. El fin de la historia social de la medicina. Al menos, en el Wellcome Trust. Y no es sólo mi opinión. Una conocida historiado escribió una evaluación sobre el Instituto a petición del Wellcome Trust, a la que pude tener acceso, y sus conclusiones eran parecidas a las mías: la historia que se hace en el Centro y cómo se hace es cosa del pasado. Si el Wellcome quiere seguir estando a la cabeza de la investigación en historia de la medicina, tienen que cambiar muchas cosas.

Tras cerrar el Centro, el Wellcome ha optado, efectivamente, por cambiar las cosas. Pero hay una que no cambia: sigue intentando marcar la dirección de la historia de la medicina. El tiempo dirá si tiene razón o no. Medios no le faltan. Pero por hoy, nuestro tiempo, se ha acabado.

¡Gracias por la compañía!

Música: Marushka, Goran Bregović / Mesecina, Goran Bregović.

PS. Tres releer el texto, creo que igual me ha quedad un poco “duro”. No lo sé. Podemos hablarlo en esos comentarios y reseñas que nunca utilizáis ;).

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