#11. Nuevos futuros: humanidades médicas

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Son muchos los futuros posibles y nosotros ya hemos hablado de unos cuantos. El primero, por supuesto, el que nos propone el Wellcome Trust. Un futuro donde explorar las relaciones entre arte y ciencia. En esta propuesta, lo que se nos ofrece es integrarnos en equipos más ámplios, dispuestos a enfrentarnos a problemas que rebasan a los clásicos de nuestra disciplina.

Otro futuro, del que también hablamos, es el de la neurohistoria. En este futuro, deberemos intentar explicar “ciertas clases [no todas] de cambio histórico”. Esto nos obligará a escribir nuestras historias con muchos condicionales. Muchos más de los que ya necesitamos. Muchos condicionales son necesarios para intentar convencernos de que la toma de la Bastilla (por ejemplo) pudo deberse a un nuevo “patrón de comportamiento” entre la población francesa que, tal vez, estimuló la aparición de nuevas estructuras cerebrales que, quién sabe, igual tuvo como resultado secundario inesperado que ese 14 de julio, por la mañana, un grupo de franceses (algunos de ellos travestidos, según algunas fuentes) decidieran que en vez de desayunar su café au lait con croissant era mucho mejor idea coger un par de fusiles e irse a liberar a los presos de la carcel real. Escribir historia desde dentro no es una cosa fácil.

Hoy, en este undécimo capítulo de 15 días en la Wellcome Library, os voy a hablar de otro de esos futuros: las humanidades médicas.

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El término Medical Humanities empieza a sonar a mediados de la década de los 2000 (esa década en la que, como venimos recordando, el proyecto de la historia social de la medicina se pone en duda), si bien ya había aparecido un poco antes. Las humanidades médicas se entienden como un espacio interdisciplinar, en el que sería posible acercarse a las diversas facetas de la enfermedad desde diversas disciplinas de las humanidades y las ciencias sociales. Las humanidades médicas se conciben así como un espacio similar al presentado por el Wellcome, pero incluso más ambicioso en principio. Un buen ejemplo de este tipo de humanidades médicas viene a ser el representado por el Birkbeck Centre for Medical Humanities. Reuniendo a investigadores de diversos departamentos de la universidad (desde teoría crítica hasta historia del arte), sus proyectos cubren un amplio campo: desde la visualización de la enfermedad hasta la experiencia contemporanea del tiempo en contextos de cuidado de la salud.

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Hay una segunda vía, en esto de las humanidades médicas, y es la relacionada con la medicina narrativa. Es esta una teoría, defendida por Rita Charon, de la Universidad de Columbia, que podríamos resumir como sigue: si los médicos supiesen más de literatura, si supiesen más de teatro, serían mejores médicos. Charon parte de una realidad ampliamente aceptada: los médicos, o al menos algunos de ellos, nos tratan con una ausencia de humanidad manifiesta. Sin apenas mirarnos a los ojos para dar el diagnóstico, sólo somos números en su agenda de la mañana, que deben “despachar”.

Frente a esto, lo que Charon propone es una inmersión en la literatura universal, como una forma de enseñar al médico el valor de las historias. Para ello, lo que se les ofrece son las herramientas interpretativas necesarias para desentrañar los significados ocultos en los textos. Métodos, dice Charon, que luego se pueden emplear para escuchar mejor a los pacientes, para aumentar nuestra empatía, para tratarlos humanamente, honrando sus historias de enfermedad.

El éxito de este programa ha sido (está siendo) espectacular. Un programa que es de investigación, claro, pero sobre todo formativo. El posgrado de medicina  narrativa de Columbia, que fue el primero, está siendo replicado en cada vez más lugares. Incluso en España, la fundación Iatrós centra gran parte de sus actividades de humanidades médicas en esta dsubisciplina de la medicina narrativa.

Personalmente, creo que puede llegar a ser un peligro para el futuro de las humanides médicas su excesiva identificación con esta forma de medicina. Porque creo que debemos señalar que la medicina narrativa es, sobre todo, medicina. Charon ha convencido a los médicos de que para hacer bien su tarea deben adquirir ciertas habilidades que los humanistas podemos enseñarles, y eso está bien, muy bien, pero…

Pero las humanidades médicas, si quieren ser algo más, deben incluir a la medicina narrativa, no reducirse a ella.

L0023521 Arzneibuch. Western Manuscript 990, pages 83 and 84

Y con este tercer futuro posible, despedimos este capítulo de 15 días en la Wellcome Library, que inicia la cuenta atrás. Cinco, cuatro, tres…

Hasta la próxima. Gracias por estar aquí.

Música: Glacier (John William Grant and Thorarinsson Birgir), Jack & Amanda Palmer. 

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