#13. Reading Room

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Hoy, por fin, vamos a hablar de la Reading Room.

Algunos recordaréis que llevamos días creando expectación, generando, como dicen los publicistas, hype. Hemos estado alargando el tema, como los malos guionistas, para manternelo vivo, con el riesgo de que lo tomárais por un Macguffin. Nada más lejos de la realidad.

Si hace unos capítulos decíamos que el corazón del Wellcome Trust era ahora la Wellcome Collection, el corazón de esta es la Reading Room.

Voy a exagerar: los 17 millones que emplearon en la reforma sirvieron, únicamente, para crear un contexto adecuado para la Reading Room. Sin ella, esos 17 millones se hubieran tirado a la basura.

Bienvenidos al decimotercer episodio de 15 días en la Wellcome Library. ¡Empezamos!

wellcome-13

Esta era la Reading Room hace apenas cuatro años. Tres, incluso. Era, como puede verse, un espacio magnífico, que confería a la biblioteca un cierto toque aristocrático. La escalera tipo imperio, la balconada de bronce en el piso superior, el color caoba de las estanterías, el olor de los libros… todo contribuía a que los que allí estábamos nos sintiésemos parte de una pequeña élite de elegidos. Todos los que hemos estado ahí conocemos esa sensación. La de “aquí sólo entran los que disfrutan de los placeres de la historia”.

No en vano, este fue un espacio que ya Henry Wellcome pensó como monumental. En este espacio exhibía su colección de estatuas (copias de originales) y más de un cocktail se celebró entre ellas. Era, ya entonces, un lugar hecho para impresionar.

Pero no sólo se celebraron fiestas durante los años treinta. También en los noventa acogió las fiestas de navidad del Wellcome Centre for the History of Medicine. Qué mejor sitio para emborrachar a un historiador (o historiadora) que una biblioteca.

 

M0004494 Wellcome museum, view of statuary hall
Reading Room en los años 30, cuando era la sala de estatuas de la biblioteca.

Por todo esto no nos puede extrañar que cuando se hicieron públicos los planes de reforma las listas de correo de historia de la medicina, a este y al otro lado del atlántico, se llenaran de lamentos. Casi tantos como cuando se comunicó el cierre del instituto.

Los argumentos eran prácticamente los mismos: por motivos meramente políticos (en este caso, incluso peor, por marketing), el Wellcome Trust renunciaba a su glorioso pasado. Ese espacio era sagrado, y debía ser respetado.

Debemos recordar, siquiera por un momento, el ambiente en que estos anuncios se daban. A finales de los 2000 y principios de los 2010 los anuncios de cierres de instituciones de historia de la medicina, algunas con tanta o más tradición que el Wellcome Trust, eran comunes (y del que, finalmente, pudo escapar el Instituto López Piñero, eso sí, perdiendo su vinculación con el CSIC).

Era un momento delicado, y nos habíamos vuelto demasiado conservadores.

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Cualquiera que haya estado en la sala comprenderá que es un gran paso adelante. Diseñada por el estudio de arquitectura AOC, con su construcción la Wellcome Collection buscaba abrirse a la participación de sus visitantes. Se decidió usar la parte de abajo dejando que la de arriba conservase su función de biblioteca. Se señalaba así de forma metafórica la continuidad entre ambos espacios de conocimiento: la biblioteca/contenedor y la sala/espacio público. Lo que se pretendía era, precisamente, que el conocimiento guardado arriba, bajase a encontrarse con sus potenciales lectores. El Companion que se editó con motivo de la inauguración es un buen ejemplo de esto.

Se creó así una especie de sala de exposiciones interactiva, pero también un club de lectura o un espacio para socializar. Dividida en 10 secciones dedicadas a temas como el dolor, la comida, la mente o la fe, la Reading Room es también un lugar en el que de forma habitual se celebran eventos relacionados con la historia de la medicina o con las humanidades médicas. Cualquiera puede presentar una propuesta, sólo tiene que drop in, como dicen ellos, y charlar con el personal que se ha puesto ex profeso para discutirlas. En caso de ser aceptadas, el Wellcome puede incluso dotar de fondos al proyecto para llevarlo a cabo.

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La historia que acabo de narrar ilustra, de forma excepcional, los cambios que el Wellcome Trust ha introducido en su filosofía. De un reservado para fiestas privadas y espacio reservado a una élite de historiadores, a un espacio público, abierto a todo el que que tenga algo que decir. Un lugar que busca despertar la curiosidad por la medicina y su historia.

Si al cerrar el instituto el Wellcome parecía cerrarnos una puerta, con la apertura de la Reading Room nos abre otra. Pero para ello, nos pone deberes.

Mañana hablaremos de algunos de ellos y el viernes cerraremos echando un vistazo a todos los futuros de los que hemos hablado, intentando encontrar un camino entre ellos, antes de dar por terminada esta serie.

Pero por hoy, nos vamos. Hasta el próximo capítulo.

Música:  The time to run, Dexter Britain

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